lunes, 1 de noviembre de 2010

La tortura del tiempo.



Es tan cruel la tortura del tiempo. Yo le digo mi reloj "corre" en las horas de aburrimiento y no me escucha. Le rugeo, le pido, ansio, tantos días de tonta espera. Luego, cuando al fin llegue, o nunca llegue, mi momento, quizá sepa comprender que estos segundos eternos una vez pasados nunca vuelven.


Estos segundos eternos los quiero yo en tus brazos, cuando estamos juntos le pido a mi reloj "para" y no me escucha. Él nunca me hace caso. Incluso, a ciertas horas, al rededor de las diez y diez, creo que hasta se ríe de mí. Así disfruta mientras me ofrece la tortura del tiempo y yo no puedo hacer nada.

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